Hay una belleza que se ve a primera vista, la que captura miradas y despierta admiración instantánea. Pero es efímera, superficial.
Lo que realmente permanece, lo que toca el alma y gana corazones, es la esencia de una persona: su manera de ser, su bondad, su sinceridad, la luz que irradia desde dentro.
Es esa huella invisible, pero profunda, la que construye conexiones verdaderas y perdura mucho después de que la belleza exterior haya pasado a un segundo plano.