Esa frase es como una llave pequeña que abre una puerta enorme.
Habla de un lugar dentro de uno que no depende del exterior: ni del ruido, ni del cansancio, ni de las exigencias de los demás. Un santuario sin paredes, al que se entra simplemente cerrando los ojos o respirando hondo.
Allí no hay que representar un papel, ni justificarse, ni esforzarse por ser mejor. Solo estar. En paz. Como si, por un momento, el mundo quedara en pausa y uno recordara que, antes de todo lo demás, existe uno mismo.
Esa quietud no es vacío; es plenitud en silencio.
Lúi (Hombre Medicina) 🌿