El arte de soltar encierra una verdad profunda y necesaria: soltar es un acto de fe y de sabiduría.
A veces confundimos el soltar con perder, con rendirnos, con vacío. Pero no se trata de un abandono pasivo, sino de un movimiento consciente —un dejar ir lo que ya no resuena, lo que pesa, lo que opaca nuestra vibración— para permitir que entre el aire fresco de lo nuevo.
Como un rayo de sol que atraviesa las nubes después de la lluvia, soltar nos limpia y nos ilumina. Es un acto de confianza en el tiempo, en el camino, en la inteligencia silenciosa del universo que siempre devuelve, en su momento justo, lo que está verdaderamente destinado para nosotros.
Soltar es, en esencia, hacer espacio para la luz.
Es recordarnos que merecemos vivir en coherencia con lo que somos, y que cada desapego hecho con amor es un paso hacia una versión más auténtica y expandida de nosotros mismos.
Que tengamos el valor de soltar con fe, y la paciencia para recibir, con los brazos abiertos, lo que ha de llegar