insulto, pero no tiene empacho en silbarlos. Cree que el silencio es indiferencia y es peor por aquello del refrán que la indiferencia mata. Pero jamás insultarles la madre a los jugadores. En un partido los aplauden y en el otro los matan por una mala tarde. Jorge es DT y dice: no debieran silbar nunca. El jugador quiere apoyo. Si salís a jugar y te insultan querés irte. ¿Cómo quedarte donde no te quieren? Pavoni decía: "dolía más el silencio y que se vayan antes, que el insulto." Jorge dice que en los 70 y 80 en partidos que se jugaban mal y perdían, la gente se iba en silencio y eso dolía más. Hoy la barra aplaude por el famoso "tener aguante". Mientras la platea y la Sur se lo pasa puteándolos a todos. Hasta dieron vuelta el 4-4 y silbó toda la cancha. ¿Con qué ánimo salen a jugar el próximo partido si saben que los hinchas de su club no los quieren? A Ávalos lo reputean y tiene más goles que muchos otros. Dice: hoy deben tener mucho huevo, mucho temperamento para jugar con el público en contra. Y el no cree que estos jugadores los tengan con toda la hinchada puteándolos. Mario D'Andrea otro amigo Rojo, camarógrafo que jugó fútbol muy jóven, cuenta que veia a muchisima gente hacerse mala sangre y subírle la presión. Él prefería los silbidos.La virulencia es hoy el canal por el que toda frustración se libera. Cayeron la tolerancia y la contención. Las broncas inconcebible pelean la gravedad del improperio. Ofensa, injuria, agravio y ultraje verbal o gestual van tomando formato cantado y dicho. Y habla de una sociedad que siempre puso en el fútbol expresiones masivas de vanguardia.En los momentos felices canciones, versos y frases nacieron en una tribuna. En tiempo de crisis tambien, dando lugar a lo peor de las conductas. Antepongamos lo legítimo del rechazo, de la condena. Pero no habilita lo injurioso, lo grosero y maleducado. Debe mediar el filtro racional y moral del respeto.Del cruel circo romano conviene no heredar vestigio. Y aunque aquello tan escuchado de "educar al soberano" suena a quimera y no a probabilidad, no debiéramos avalarlo todo en nombre del derecho colectivo. Pero en una sociedad donde el primer agravio lo suelta un presidente, es muy difícil inducir a la masa a no hacerlo. Si bien no vamos a cambiar la realidad, desde el testimonio de los que vivimos las expresiones mesuradas de su tiempo, deseamos no se siga por ese callejón sin salida que es el agravio del que no se vuelve. Porque en ocasiones no vuelve ni el agraviado y todo se destruye.Una pregunta debe flotar en la conciencia de la hinchada. ¿Qué jugador o DT merece ser lapidado por el insulto masivo? No es el camino que nos vuelva al mejor fútbol que hemos jugado en la historia.Quique Larrousse